
Una experiencia espiritual, es sobre todo una experiencia “practica” de amor; y en el amor no existen reglas. Podemos intentar guiarnos por un manual, controlar el corazón, es una tontería, quien decide es el amor, el corazón, y lo que él decide es lo que vale.
Todos hemos experimentado eso en la vida, todos en algún momento, hemos dicho entre lágrimas: “Estoy sufriendo pro un amor que no vale la pena”. Pero no, sufrimos porque descubrimos que damos más de lo que recibimos, sufrimos porque nuestro amor no es correspondido, sufrimos porque no conseguimos imponer nuestras reglas.
Sufrimos impensadamente, porque en el amor está la semilla de nuestro crecimiento; cuanto más amamos, más cerca estamos de las experiencias.
Quien ama ha vencido el temor de perder nada, porque se entrega totalmente.
